La primera consulta con un psiquiatra puede generar bastantes dudas. Algunas personas llegan pensando que tendrán que explicar perfectamente qué les pasa, otras tienen miedo de ser juzgadas y muchas esperan salir de la consulta con un diagnóstico y una receta debajo del brazo.
La realidad es bastante diferente y, desde mi punto de vista, una primera consulta debería servir antes que nada para comprender qué está ocurriendo.
No hace falta que llegues con el problema ordenado. De hecho, lo más habitual es que una persona llegue diciendo “no sé qué me pasa, pero no estoy bien”.
Mi trabajo consiste precisamente en ayudarte a poner palabras a lo que sientes y ordenar toda esa información para entender qué puede estar pasando.
¿Cómo empieza una primera consulta con un psiquiatra?
Suelo empezar con una pregunta abierta, algo tan sencillo como “dime el problema que te trae por aquí”. No es una pregunta casual, sino una forma de empezar a entender cómo vive la persona aquello que le está ocurriendo y qué considera ella que necesita resolver.
Mi forma de trabajar también está influida por la terapia breve estratégica y por una idea que para mí es importante: cuando un problema no se soluciona, a veces la manera que estamos utilizando para solucionarlo está contribuyendo a mantenerlo.
Por eso intento entender no solo el problema, sino también qué ha hecho la persona hasta ahora para intentar resolverlo y qué ha ocurrido con esos intentos.
¿Qué necesita conocer un psiquiatra en la primera consulta?
Necesito conocer qué está ocurriendo y desde cuándo, pero también cómo está afectando a la vida cotidiana.
Pregunto por el sueño, la alimentación, la historia personal y familiar, los antecedentes, los tratamientos anteriores y la medicación que pueda estar tomando. Necesito contexto, no solamente un síntoma aislado.
También presto atención al estado de ánimo, la ansiedad, el nivel de funcionamiento, cómo se ve la persona a sí misma y si existe algún tipo de riesgo.
Y, como médico, siempre tengo presente la necesidad de descartar que detrás de determinados síntomas pueda existir un problema físico.
¿Por qué pregunta cosas que parecen no tener relación?
A veces sorprende que pregunte por la infancia, el colegio, cómo era la persona de pequeña o por aspectos relacionados con el sueño cuando aparentemente viene a consulta por otro motivo. Pero toda esa información puede ayudarme a entender mejor la historia.
El mismo síntoma puede significar cosas muy diferentes dependiendo de quién lo está viviendo y de cómo ha llegado hasta ese punto. Por eso, para mí, conocer a la persona más allá de sus síntomas no es algo adicional a la consulta. Es una parte esencial de ella.
¿Siempre se obtiene un diagnóstico en la primera consulta con un psiquiatra?
No necesariamente. En psiquiatría, algunos diagnósticos son evolutivos y pueden necesitar varias consultas, información adicional o conocer cómo evoluciona la persona antes de poder establecerlos con seguridad.
Prefiero decir “necesito conocerte un poco mejor antes de ponerle nombre a esto” que colocar una etiqueta demasiado rápido.
Un diagnóstico bien hecho puede necesitar tiempo, y creo que merece la pena tomárselo. Una etiqueta puesta con prisas puede acompañar injustamente a una persona durante años.
¿Me van a recetar medicación?
Acudir a un psiquiatra no significa necesariamente salir medicado. La medicación es una herramienta más y se utiliza cuando puede ser beneficiosa, teniendo en cuenta el diagnóstico, la intensidad de los síntomas, cómo están afectando a la persona y qué otras alternativas existen.
Si la psicoterapia y algunos cambios son suficientes, no siempre es necesario añadir medicación. Y cuando sí está indicada, considero fundamental explicar qué se está tomando, por qué se propone y qué esperamos conseguir con ella.
El paciente es dueño de su cuerpo y tiene derecho a comprender y participar en las decisiones sobre su tratamiento.
¿Qué debería llevar a la primera consulta con un psiquiatra?
No hace falta preparar un informe sobre tu propia vida. Lo más importante es que vengas dispuesto a contar qué te está pasando y desde cuándo, aunque no sepas explicarlo perfectamente.
Sí es muy útil llevar los informes médicos o psicológicos que tengas y, sobre todo, saber qué medicación estás tomando. Si no recuerdas los nombres, una fotografía de las cajas puede ser suficiente y suele resultar mucho más fácil.
También puedes apuntar antes de venir aquellas dudas que te preocupan por si en el momento de la consulta se te olvidan.
¿Y si me da vergüenza contar determinadas cosas?
Puedes ir a tu ritmo. Nada de lo que cuentes en consulta debería ser motivo de juicio y, desde luego, no hay nada que me vaya a escandalizar. La confidencialidad forma parte de la relación médico-paciente y mi trabajo es escuchar lo que te ocurre para poder ayudarte, no juzgarte por ello.
La vergüenza suele desaparecer durante los primeros minutos. Y si no sabes cómo empezar, tampoco pasa nada: podemos empezar precisamente por eso. A través de preguntas y de la conversación iremos poniendo orden a aquello que ahora mismo quizá sientas como un caos.
No tienes que llegar con las respuestas
Una de las cosas que más me gustaría que supieras antes de una primera consulta es que no necesitas llegar con el problema perfectamente explicado. No tienes que saber qué diagnóstico tienes, ni decidir de antemano si necesitas medicación, ni siquiera saber si deberías estar consultando con un psiquiatra o con un psicólogo.
Para eso estamos nosotros. La primera consulta sirve para escuchar, valorar y empezar a entender qué está pasando, no para examinarte.
¿Qué me gustaría que te llevaras de la consulta?
Me gustaría que una persona terminara la primera consulta sintiendo alivio y algo de esperanza. Que sintiera que, por fin, alguien la ha escuchado de verdad, que empieza a entender lo que le pasa y que existe un camino para empezar a abordarlo.
Pedir ayuda no es de débiles, es de valientes. Y entender lo que te pasa ya es empezar a mejorar.